Tú eras yo by Emma Aguirre

Emma Aguirre
By Emma Aguirre April 13, 2014 15:12

Tú eras yo by Emma Aguirre

Summary:

La vida es un puzle lleno de sensaciones y de acontecimientos que se entremezclan sin ningún orden. Cuando queremos contar una historia, nos atenemos a un hilo conductor y la despojamos de cualquier hecho que nos pueda distraer.

Pero una cosa es vivir y otra contarlo. Aquí la protagonista nos adentra en su vida sin atenerse a estructuras que la aprisionen. Siempre en primera persona y en un ineludible presente, narra con rabiosa sinceridad todo lo que sus cinco sentidos experimentan.

The author has rated this book XXX (adults of legal age, 18 and up, only).

Excerpt:

Tú eras yo. Yo subía las escaleras con mi pequeña en brazos. Era tan joven que lo hacía deprisa, estaba llena de feroz amor materno, feroz amor marital, feroces ataduras consentidas. Tú subías a la Unión de Actores, sin demasiada prisa, como algo habitual. Yo iba al hostal, donde esperaba todo el día que volviera mi marido del trabajo, para ir a buscar piso. Al alcanzarte en el descansillo, me invadió toda tu-mi libertad, enseguida me reconocí. Sostuvimos nuestras miradas algo sorprendidas de que el inaprensible factor tiempo se hiciese a un lado para que nos reconociéramos.

Siempre supe que acabaría en la capital buscándome la vida, lo sabía a golpes de intuición, puesto que desde mi condición de mujer casada no lo podía razonar, por tanto, pensaba que se trataba de la razón del corazón y, como me gustaba y para que no se escapara el pálpito, escribí un poema que ya no recuerdo muy bien, que decía algo sobre dejar de conducir un coche azul y pedalear una bici roja, mientras saboreaba una manzana verde.

El compañero del que aún no sé el nombre y al que veo sólo a través de la ranura de las mamparas que nos separan me ha dicho: «Hoy estás muy guapa», y me ha dejado así de contenta. Ninguno de los que trabajamos en el teléfono erótico tenemos pareja. Estamos separados, la acabamos de dejar, nos ha dejado…, y es mejor así porque había una chica que tenía pareja, y el novio se hacía pasar por un usuario. Ella, toda confiada, pensaba que hablaba con un desconocido, y en esas condiciones, sin un mínimo de libertad, no se puede trabajar. Pero al final le salió bien porque, como el novio no podía soportar que ella hiciese este trabajo, no paró hasta encontrarle un puesto de telefonista telefonista, sin la muletilla de «animadora», como consta en nuestro contrato.

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Decías: «Ella no es tan encantadora como parece», refiriéndote a mí, y sonó entre los presentes como un reconocimiento de tu parte, aunque el tono fuera de ofensa. Nuestros amigos, con los que salíamos del recital donde yo acababa de intervenir, prefirieron hacer como que no oían, conseguiste una situación embarazosa, y además, ellos ya tenían su propio criterio. Tu énfasis resultó excesivo, tu necesidad de que nadie se llevara a engaño, de que nadie se fuera a imaginar que tenían ante sí a una mujer encantadora, ¡por favor!, hasta ahí podíamos llegar. Siempre defendiendo la verdad, la única e inalterable verdad, la tuya propia.

Me gusta cómo miran cuando me dibujan, es una mirada de ida y vuelta. La posan sin apenas detenerse y atrapan en sus pupilas ese trocito de cuerpo que inmediatamente renace en su lienzo.

En la casa llena de mujeres donde me crié, mi vocación de enfermera nació de la necesidad de atender a la mayor de todas, a la abuela. Era conveniente que recibiera masajes tras el ataque cerebral que le dejó paralizado medio cuerpo. A las demás les pareció muy oportuna mi precoz vocación. Quién mejor que la pequeña de nueve años para atender a la abuela. Ésa fue la decisión por la que me admitieron en su clan. Sin embargo, ella, mi abuela, había decidido ya formar parte de las sombras, yo lo sabía por la luz siempre apagada de su alcoba. Un día dejó de llamarme para que la asistiera en los cotidianos masajes. Nunca estudié ATS, pero ahora, cuando recito mi texto: «Ella, sentada en un sillón pequeño y recogido, fue cancelando densa y pesadamente su propio relato de la noche y de los sueños», es a ti, abuela, a quien me refiero, a ti, abuela, a la que recreo desde el escenario para quien te quiera ver.

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1 Comment

  1. Hernán Sánchez Barros September 11, 18:09

    Es un tipo de lectura directa, sin eufemismos, pero con una capacidad de transmisión tan marcada, que es inevitable “sentir” esa realidad tan rotundamente expuesta; tan desnudamente real. Es un realismo que no pretende el facilísimo coloquial como formula, sino que es la expresión misma de la sinceridad en el acto de querer compartir. Me resultó muy ameno y a la vez apabullante su lectura. Excelente.

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